¿Realmente existe el «cielo»? La teoría que propone un físico sobre la ubicación del reino de Dios

Jhoan Melendez
3 Min de Lectura
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El físico Michael Guillén, antiguo profesor de la Universidad de Harvard, ha sacudido las creencias tanto de escépticos como de los más fieles, al plantear que el «cielo», también conocido como el reino de Dios, podría estar situado en los confines del universo, más específicamente al otro lado del llamado «horizonte cósmico».

Esta hipótesis reinterpreta conceptos fundamentales de la cosmología moderna sobre un universo en expansión constante. Guillén identifica regiones extremas que se alejan a tal velocidad que su luz jamás alcanzará la Tierra, transformando este límite observable en un umbral con propiedades únicas.

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El investigador afirmó que más allá de ese punto existe un dominio inaccesible para la materia ordinaria. Según su visión, este espacio podría albergar entidades no materiales bajo un régimen de atemporalidad absoluta; es decir, donde el tiempo es solo un concepto y el pasado y el futuro no existen.

La cosmología define el horizonte no como un muro tangible, sino como un límite de observación condicionado por la velocidad finita de la luz. Los modelos científicos actuales diferencian claramente entre el horizonte de partículas y el de sucesos, los cuales poseen naturalezas distintas.

¿QUÉ OPINA LA COMUNIDAD CIENTÍFICA SOBRE LA TEORÍA DE GUILLÉN?

La comunidad científica cuestiona la afirmación de que el tiempo se detiene en dicho horizonte, pues la relatividad vincula estos efectos directamente al observador. Este fenómeno guarda similitud con lo que ocurre en los agujeros negros, donde la percepción del tiempo varía según la distancia.

Para un espectador remoto, cualquier objeto que se aproxima al horizonte parece ralentizarse de forma progresiva. Sin embargo, para el individuo que realiza el viaje, su propio tiempo transcurre con total normalidad, contradiciendo la idea de una pausa universal.

Los expertos advierten que los horizontes son características geométricas del tejido espacio-temporal y no barreras físicas. Estudios sobre la expansión del universo señalan lo sencillo que resulta transformar un límite visual en un relato intuitivo pero científicamente incorrecto.

Guillén, entre tanto, defiende que no se trata de una prueba científica de la existencia del cielo, sino de una interpretación que busca tender puentes entre ciencia y creencias profundas.

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