Por María Laura García
Confieso que, esta mañana, la cama se sentía como un refugio que me abrazaba un bienestar que solo podía superarlo el bienestar que sentimos por un triunfo. Tenía razones de sobra para quedarme sumergida en el confort: una especie de virus que me ha tenido limitada por dos días, un cansancio innegable y, por supuesto, mis enemigos mentales que andan espantándome con la bulla de que el mundo se acaba en cualquier momento por el bombardeo mediático, eso sin contar, el agotamiento derivado del estrés que genera cualquier «triqui traqui» en la madrugada se siente como la confirmación de que comenzó “la fiesta”.
A pesar de todo eso les cuento que me gané a mí misma y … ¡salí a correr!
En principio, mi plan eran 21Kms, pero tuve que recalcular. No quise forzar mi sistema inmune que, de hecho, lo está haciendo muy bien ayudándome a no sucumbir ante el virus. A regañadientes, mi cuerpo pedía a gritos quedarse. Pero me negué. Me negué a que el malestar y el cansancio dominaran mis decisiones. Me levanté y completé mi carrera cuya meta reconsideré, demostrando que la voluntad, cuando se entrena, es más fuerte que la excusa.
Sé que no soy la única que ha tenido esta conversación interna: «Estás muy cansada», «Empieza mañana», «Un día más no importa». Esos son nuestros saboteadores mentales, expertos en usar excusas (reales o inventadas) para mantenernos en la zona de confort.
Ahora bien ¿Cuál es el costo emocional de ser dominado?
Como periodista de salud, sé que la mente es la herramienta más poderosa, pero también la más traicionera. La batalla por nuestro bienestar no se libra en el asfalto, en gimnasio o en el consultorio del especialista; sino en esas conversaciones interna que tenemos al momento decidir nuestra vida, para bien o para mal. ¿Qué pasa cuando nos dejamos ganar por esos «demonios internos» que no les importa nuestro bienestar?
El sobrepeso de la inacción y la frustración tiene consecuencias emocionales severas. El Dr. Stephen Covey, en Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, afirma que las personas proactivas eligen su respuesta, mientras que las reactivas son esclavas de sus impulsos o condiciones externas. Dejarnos dominar por la pereza o la excusa nos roba el sentimiento de autodeterminación.
Cuando sucumbimos a esa parte interna nada positiva, se genera un círculo vicioso:
- Culpa y baja autoestima. Prometemos algo como entrenar, madrugar, estudiar y nos fallamos a nosotros mismos. Esto erosiona nuestra confianza interior, nos hace sentir culpables y afecta directamente nuestra autoestima.
- Parálisis de la procrastinación. El saboteador nos convence de que es mejor esperar el momento perfecto. Sin embargo, estudios demuestran que la procrastinación está ligada a una peor salud, mayores niveles de estrés, menor éxito o satisfacción académica o laboral. El demonio interno no busca nuestro descanso; busca nuestro estancamiento.
- Incapacidad de lidiar con el caos exterior: Cuando no somos capaces de ganar la batalla a nuestros propios impulsos, paradójicamente lo más fácil, perdemos la fuerza mental para lidiar con el caos y el ruido exterior propiciado por las guerras, noticias y la política. No controlamos lo de afuera, pero si no controlamos lo de adentro, vivimos en una doble derrota.
Mini manual para ganarnos a nosotros mismos
Si quieres desarrollar esa fuerza interior para que tu mente trabaje para ti y no contra ti, especialmente cuando entrenar o accionar cuesta el doble, aquí te dejo algunas estrategias infalibles que me funcionaron hoy, sumadas a la sabiduría de los expertos que he leído o entrevistado, para que tu mente sea tu músculo más fuerte:
- La Regla de los 5 Minutos. Cuando te cueste arrancar, negocia con tu mente. No te pidas correr 10 km, solo pide 5 minutos. «Solo me pondré la ropa y haré 5 minutos de estiramiento». Una vez que cruzas ese umbral inicial, es increíblemente más fácil seguir. El movimiento genera impulso.
- Identifica tu «Por Qué» profundo. ¿Por qué entrenas? ¿Por la salud, la energía, el bienestar mental, un reto? Cuando el saboteador ataca con el «no puedo», respóndele con tu «Por Qué». Por Ej., «no es negociable porque esto es para mi salud futura y mi fortaleza mental». Conectar con ese valor profundo le quita poder a la excusa superficial.
- Visualiza la victoria, no la dificultad. En lugar de enfocarte en lo mal que te sientes antes de empezar, visualiza cómo te sentirás después: la satisfacción, la energía renovada, el orgullo de haber cumplido. Usa esa sensación de logro como tu combustible y recompensa inmediata.
- Sé proactivo: reconoce y nombra a tu saboteador. El primer paso para ganarle la batalla es reconocer a tu enemigo. Cuando escuches la voz que te dice «5 minutos más», nómbrala: «Ah, ahí estás, Saboteador. Gracias por el aviso, pero hoy no», como técnica de distanciamiento cognitivo. Al externalizar la excusa, le quitas poder sobre tu identidad.
- La Disciplina es el Acto de Amor Propio. No esperes la motivación; cultiva la disciplina. El autocontrol no es un castigo; es el mayor acto de amor propio, pues es la forma de honrar a la persona que quieres ser. Lo que haces en las mañanas, lo haces para el «tú» del futuro.
Hoy, mi «Por Qué» ganó, y la sensación de cruzar esa meta mientras superaba el malestar no tiene precio. La mente es tu músculo más importante: ¡entrénala! Es el SHOT de energía y autoestima más poderoso.
Y esto aplica para todo: para lograr tus metas, para superarte o crecimiento profesional, en tu autocuidado y hasta en el mejoramiento de tus relaciones, por ejemplo, alejándote de todo aquellos que te haga daño y no sume a tu vida.
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