El nieto de Fidel Castro, Sandro Castro, volvió a colocarse en el centro de la controversia tras sus recientes declaraciones, en las cuales aseveró que su abuelo no cuestionaría su «visión capitalista», en medio de la grave situación que atraviesa Cuba desde hace décadas.
El joven influencer, quien reside en La Habana y se dedica a crear contenido satírico para redes sociales, insistió durante una entrevista concedida a CNN que posee una «visión capitalista» del mundo y su abuelo no lo habría cuestionado por ello, porque él «respetaba» a los demás.
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«Mi abuelo era una persona que tenía sus principios, cada cual es como es, pero también respetaba a las otras personas. Y te digo, esta es mi forma de pensar», sostuvo.
Sus declaraciones, emitidas mientras gran parte del país sufre apagones constantes, generaron indignación entre ciudadanos que consideran ofensivo escuchar discursos de apertura económica desde una posición de privilegio.
De hecho, su afirmación contrasta con la historia política de la isla, marcada por más de seis décadas de un modelo económico centralizado que rechazó abiertamente el capitalismo como sistema.
Como se sabe, el nieto del Castro ha ganado notoriedad en redes sociales, donde acumula más de 150 mil seguidores gracias a videos humorísticos que mezclan sátira política y situaciones cotidianas.
Uno de sus contenidos más comentados muestra una ficticia llegada del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a Cuba para «comprar la isla», una pieza que él mismo describe como un intento de aliviar, con humor, la tensión social que se vive actualmente.
«Nunca me burlaría de una situación que yo también sufro», afirmó, intentando distanciarse de las críticas que lo acusan de frivolizar la crisis.
«Estoy haciendo videos sobre una situación tensa y triste. Al menos estoy tratando de hacer feliz a la gente, de sacarles una sonrisa. Nunca me burlaría de una situación que yo también sufro», remarcó.

ENTRE LUJOS Y APAGONES
Pero paradójicamente, la entrevista se realizó en el barrio habanero de Kohly, que en ese momento estaba completamente a oscuras debido a los apagones.
Sin embargo, el apartamento de Sandro permanecía iluminado gracias a un generador privado, una imagen que reforzó la percepción de desigualdad entre la élite vinculada al poder y la población común.
Asimismo, seguró que su apellido no le otorga privilegios, incluso dijo que enfrenta «dificultades como cualquier cubano». Es decir, falta de agua, cortes eléctricos y escasez de productos básicos.
«Mi apellido es mi apellido. Estoy orgulloso de él, lógicamente. Pero no veo esa ayuda, yo soy como un ciudadano más», afirmó.
«Sufres miles de dificultades. Un día puede no haber luz, no tener agua, o puede no llegar una mercancía. Es durísimo», sostuvo Sandro, quien es dueño de un club nocturno, que le funciona como fuente de sus ingresos
Más allá de su defensa del legado familiar, Sandro reconoció que una parte creciente de la población cubana comparte su inclinación hacia modelos económicos más abiertos.
«Hay muchas personas aquí que quieren hacer capitalismo con soberanía», afirmó, antes de sentenciar que la mayoría de los cubanos preferiría un sistema capitalista antes que el comunista.
CRISIS EN CUBA
Todo esto ocurre, mientras Cuba enfrenta un colapso energético agravado por el bloqueo de suministro impuesto por Estados Unidos.
La isla solo produce el 40 % de la energía que consume y depende de importaciones que han disminuido drásticamente.
Solo la reciente llegada de un barco ruso con 730 mil barriles de petróleo ofreció un alivio temporal, autorizado de manera excepcional por Estados Unidos por razones humanitarias.
Sin embargo, la Casa Blanca reiteró que no hay cambios en su política de sanciones, dejando claro que la crisis energética seguirá marcando el pulso social y político de la isla en las próximas semanas.

